Pasa el agua y se remansa
y cristalina deja la vida
transcurrir en su seno.
Fertilidad húmeda y transparente,
serena, regocijante.
El agua pasa y borra las huellas
y de nuevo la vida comienza
más allá del pasado;
siempre hay un nuevo cauce
para el agua, para que pase,
para que aguarde
para que baje en cascada.
Pasa el amor
y deja el alma reposada,
los pensamientos diáfanos,
las ideas preñadas.
El amor pasa y hay un sendero nuevo
que atesora en el recuerdo,
anhelos y esperanzas.
El amor pasa y deja paso...
... al amor.
Dejaré una luz en el camino,
que ilumine las horas que te aguardan,
cubiertas de ensoñaciones,
despojadas de inicuos avatares,
asidas del momento.
Dejaré una luz en el camino,
deseosa e ilusionada;
que abroche mis deseos
en los puños de tus mangas,
para que vayan contigo
donde quiera que tu vayas.
Dejaré una luz en el camino
que recuerde los surcos de tu frente,
cubiertos del claroscuro
del atardecer,
de la belleza policroma
de los bosques de otoño.
No para que me busques,
sino para que te encuentre
Pasa el agua entre los dedos,
y deja unas gotas minúsculas;
las palmas húmedas,
cristalinas esferas sobre el dorso.
Pasa el amor por el corazón
y apenas si quedan
briznas de nostalgia;
tan sólo un soplo helado
que acongoja.
Pasa el amor por el corazon,
y a veces ni siquiera supimos
que estuvo allí.
Pasa el agua saltando de peña en peña,
arrastrando guijarros, cantos y arena.
A veces canta, a veces grita,
a veces clama.
Pasa el amor por el alma
y apenas si deja
sombras de esperanza,
tristezas del pasado;
quimeras...